EL GOLPE DE EFECTO (Carlos Tanco)

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Columna publicada en Portal 180 el 4/11/2008


Parece imprescindible dar un golpe de efecto para que el mensaje llegue a destino. Un sacudón que lo saque del mar de estímulos y lo haga sobresalir.

No hay novedad en esto que digo. Quizás debería gritarlo subido al techo del Palacio Salvo disfrazado de Batman, o colgarme de un gancho de carnicería mientras escribo y me saco una foto con un cartel en la frente que diga “¿bajó la carne?”.

El golpe de efecto se está pareciendo más a una adicción colectiva que a un recurso. Ya como recurso era por demás cuestionable, mucho peor es su uso compulsivo. ¿Por qué nos hicimos adictos a ese atajo, a ese engaño que, supuestamente y en el más cándido de los casos, trae buenos fines?

El golpe de efecto reduce el pensamiento a un estímulo, acorta la conciencia, cambia la reflexión por el escalofrío, y parece validar la vieja y asquerosa frase: el fin justifica los medios. Pero ni siquiera se agota ahí: el golpe de efecto narcotiza.

Un ejemplo burdo: supongamos, dejando cualquier nacionalismo de lado, relegando incluso la discusión de fondo, que el mensaje “las papeleras contaminan” era importante para todos; supongamos que era redondamente cierto y vital. ¿La forma de Green Peace de llevárselo al mundo, con una mina en pelotas entre medio de los presidentes, no lo invalida? ¿No saca de tono y carril al mensaje, que haya sido dicho por ese medio? ¿Cómo se puede pretender seriedad al recibir un mensaje que es banalizado de esa forma por sus mismos promotores?

Un culo muestra un cartel que dice “Las papeleras contaminan”. Un porcentaje de la gente hablará del contenido del mensaje, otro hablará desde la ofensa nacional, y todos hablarán, aunque sea al pasar, de lo esencial en todo esto: del “pero qué bien que la hicieron”. El medio se comió al mensaje. El discurso, la discusión, o la idea, quedó asomando apenitas, atrás del fuerte resplandor que dejó el golpe de efecto.

Nota de anacronismo: ¡jo! Había empezado a escribir esto antes de que apareciera la segunda muchacha, esta vez con el cuerpo pintado y en la feria de no sé qué cosa turística argentina, donde Uruguay tiene un stand. Pues esta vez no funcionó. La apuesta fue mucho más barata (vergonzante de tan pobre), es cierto, pero a lo mejor la repetición también incidió en su intrascendencia. Ni siquiera tuvo más renglones que el viejo demente/legalista que quiere cruzar el puente y es nuestro héroe nacional de conveniencia instantáneo (siempre encontramos uno, le echamos agua, revolvemos y zás, ahí está: nuestro héroe nacional de conveniencia instantáneo pronto para salir en las noticias).

El ejemplo era fácil. Ahora, cambiemos de foco y vayamos a la violencia doméstica: fotos de mujeres agredidas inundando la ciudad. La causa la compartimos todos, pero el golpe de efecto aparece otra vez. La opresión constante, el latigazo a la conciencia, la violencia mental, el ruido ensordecedor, el megáfono en la oreja. Sigo viaje: el bebé fumando un pucho en la parada, las mujeres embarazadas gritando “asesinos” a los que quieren legalizar el aborto, el tipo que me para por la calle y me dice “vas a firmar para anular esa ley asquerosa de impunidad para los asesinos de la dictadura”, casi sin signos de interrogación, casi sin darme tiempo a pensar. No hay que dejar pensar, hay que atacar, esa parece ser la consigna.

La excusa es que si no se hace con esas formas, la gente lo pasa por alto, no se entera. ¿Cuántas veces se puede golpear un cuerpo antes de que se entumezca? ¿Cuántas veces resiste el cerebro los golpes de efecto sin terminar por acostumbrarse a ellos y transformarlos en el paisaje habitual? Hay algo que se atrofia en el mar de agresiones mentales. Al igual que el oído, cuando deja de reconocer ondas sonoras que escapan a su percepción debido a que ya no tiene la costumbre de escucharlas, así imagino que estará nuestro cerebro. Entonces, en algún momento podría venir lo peor: dejaremos de reconocer las aristas más sutiles y menos burdas de la comunicación.

No creo que mucha gente pare de fumar por ver a ese bebé con un cigarrillo en la boca. Sin embargo, sí creo que la gente puede empezar a no percibir otra cosa que no sea la comunicación en esos términos de obviedad grotesca, de impacto casi estúpido. Son mensajes para autistas, agreden al mismo tiempo que comunican. Sacuden a la manera de un choque de electricidad en la cabeza. Desprecian cualquier signo de complejidad. Bastaría hacer un repaso por la feroz y rudimentaria forma de comunicación que tenemos al alcance, para generar la hipótesis de que se nos atrofió la comprensión lectora para siempre.

Sigo buscando imágenes en mi cabeza.

La teatralización latinoamericana, en toda su extensión. Correa, Uribe y Chávez, como si fuera La Hora de los Deportes. El campamento de boyscouts con Kirchner a la cabeza esperando a Ingrid mientras se espantaban los mosquitos de la cara. ¡Ingrid y su rescate fílmico! Cobos y su voto de final de película yanqui, cuando el héroe dice las palabras justas con exasperantes pausas melodramáticas (creo recordar hasta un “aplauso progresivo”). Cotugno amenazando a los legisladores con su excomunión. Los informativos agregan música de fondo a los 20 minutos diarios de noticias policiales, para inducir la emoción, no sea cosa que las imágenes de la niña violada no sean suficientemente potentes. La Teletón que se parece a Bailando por un Sueño, y muestra ojerosos y cansados a sus conductores sobre el final, como para llevar a lo épico-efectista el momento en que se alcanza o no la plata buscada.

Todo se empasta en el golpe de efecto. Ni siquiera la inquietud de lo inverosímil importa. Si no se ve desde bien lejos y se entiende fácil, es que no pasó. Y cuanta más gente lo reciba, más pasó, más real es.

Del otro lado, mientras el bombardeo transcurre, se genera una obsesión: la necesidad de encontrar la adrenalina que produce la impresión. Una ansiedad que sólo es saciada con otro de esos golpes de efecto, y la cadena de sensaciones contiguas: el espanto, la compasión instantánea, la concientización efímera, y a buscar el próximo, a conmoverse rápido y fácil, salir del trance y seguir el espiral, que hay más destellos para quedar cegado y hacer que lloren los ojos.

Así, todos más tranquilos y campantes, todos más contentos con nosotros mismos. Todos tan sensibles a las horrendas imágenes, todos tan vivos a la hora de escuchar un “chan” que marque dónde hay que reírse en grupo.

Mucho mejor seremos en nuestro padecimiento por el resto, en nuestro dolor colectivo, en la emoción compartida que tanto anhelamos, si nos dejamos sacudir por el impacto, como si fuéramos uno. Hasta que sólo queden falsos destellos epifánicos, que apenas den para una charla de bar idiota en la que cuestionemos la veracidad de la llegada del hombre a la luna con el mayor de nuestros cinismos, con nuestra mejor y más estúpida jactancia, que teníamos reservada para esa gran oportunidad, y que lucimos orgullosos.

Estoy enterado, estoy conmovido, estoy tranquilo. Se parece un poco a estar narcotizado, pero estoy bien.

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EL DOLOR EN CLAVE DE FICCIÓN (Daniel Erosa)

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Este artículo publicado en Brecha, en el año 2007 (lamentablemente no puedo precisar la fecha), tiene absoluta vigencia, en el análisis y la reflexión sobre el tratamiento que se le da a determinadas noticias.

Caso Natalia Martínez

El misterio que tiñe la muerte de esta joven generó una cobertura mediática que durante más de tres semanas desarrolló toda una trama que explota el límite existente entre la ficción y la información.


La muerte de Natalia Martínez –la chiquilina que desapareció de la puerta de La Rinconada, un conocido boliche de Punta Fría, el 19 de enero– sigue envuelta en el misterio. Su cuerpo fue encontrado luego de 22 días de búsquedas infructuosas, en un bosque próximo a la Laguna del Sauce. Pero ese hallazgo aún no permite ponerle fin a un caso que tiñó el verano con el miedo y el morbo de la crónica roja. Si bien la carátula del expediente judicial ya fue renombrada como “muerte por homicidio”, todavía no se conocen las circunstancias en que Natalia perdió la vida.
A la sórdida atmósfera que generó el hecho se sumó una cobertura periodística con formato de novela en capítulos, que por momentos parecía elaborada en clave de ficción. Hubo lugar para todo tipo de versiones e hipótesis, presentación de falsas novedades e informaciones sin fuentes que las sustentaran. La propia Policía se mostró molesta por el manejo de algunos aspectos del caso, cuando se hacían públicas versiones “infundadas y equívocas” y se les daba una trascendencia inusual a fuentes que arrojaban datos que no tenían asidero alguno.
El subsecretario del Interior, Juan Faroppa, se quejó abiertamente del tono de las noticias: “Creo que estamos mirando muchas series estadounidenses y pensamos que el tiempo televisivo es el mismo que el tiempo real. Este caso se transformó en una especie de feria o cambalache, donde se mezclaron todas las cosas, se dijeron barbaridades, informaciones falsas, cualquier cosa. No escuché a ningún medio salir a decir que se habían equivocado. Se mezcló todo en una especie de acto discepoliano. Se transformó en un show mediático que hizo mucho daño”.

SIN EVIDENCIA. Quizás porque el caso en sí contiene un potencial de novelización y tal vez porque en estas fechas las noticias son escasas, los informes periodísticos asumieron un tono sensacionalista en donde se confundía información con entretenimiento. Según dijo a BRECHA Federico Beltramelli,* el agotamiento del sentido de novedad de la noticia lleva a que la estructura de géneros de medios informativos se vea permeada por códigos narrativos de corte ficcional. Por eso “a diario el caso corría como si fuera una telenovela y así era presentado. Incluso las personas implicadas se transformaron en personajes gracias a la sobreexposición. Eso contaminó hasta los procedimientos institucionales. Había jerarquías policiales recorriendo la zona en helicóptero, se desplazó una enorme cantidad de investigadores que eran filmados mientras hurgaban entre arbustos”.
El sociólogo Rafael Bayce coincide en que el caso fue armado en capítulos. “Una novela que responde en parte a los hechos que suceden y en parte al imaginario de los periodistas y todas las versiones habidas y por haber.” Sin embargo piensa que “no se puede decir que alguien lo provocó, fue una bola de nieve. Y después de que estaba desatado el interés general y todo el mundo estaba prendido, ningún medio iba a decir yo me bajo. Se generó un circo mediático. Y los actores involucrados tuvieron que responder al circo con más circo. Hubo una retroalimentación entre el público, los actores relevantes y la prensa”.
Beltramelli afirma que, al igual que en una película, hubo un componente de búsqueda del clímax que no fue ingenuo. Y que por eso cuando el sábado encontraron el cuerpo, el domingo se agotaron los diarios. “Algunos medios perdieron cierta contención que tiene que ver con un orden ético, con un sentido formal de hacer periodismo. Se perdió el límite entre lo informativo y el entretenimiento”, opina.
En esa lógica de alimentar los episodios, se legitimaron actores y versiones que generaban más confusión que información. Videntes, astrólogos, mentalistas, todos tuvieron cartas y credenciales de sustento noticioso. Para Beltramelli, los medios informativos deben filtrar, intermediar entre las versiones para encontrar una que se acerque a la información: “Parece un juego de palabras, pero hubo como una diversión morbosa a partir de validar todas las versiones. Se presentaban las aparentes novedades sin fuentes y sin noticias”.
Aquí habría un punto de inflexión, agrega, porque los medios –en competencia y con cierto de-senfado– se animaron a presentar el caso como un montaje. Ante la ausencia de evidencias, apelaron a la espectacularización. Se presentaron flashes en medio de la programación para dar datos inexactos como la cobertura tragicómica realizada cuando un perro encontró una serie de huesos antiquísimos, que a simple vista no podían ser de la joven buscada y que luego resultaron piezas óseas de un primate. La dueña del perro dijo que había estudiado medicina y que podía asegurar que eran humanos. Y así lo repitió el cronista aunque el forense se negara en cámara a confirmarlo.
“Este es el perro que realizó el macabro hallazgo”, dijo micrófono en mano el notero mientras la cámara hacía un zoom a la mascota atada y ladrando.
Y además, según Beltramelli, se dieron una serie de confirmaciones tautológicas, donde los medios se citaban unos a otros. Una suerte de calesita informativa que avalaba por la mera repetición lo que no estaba ni siquiera chequeado.
Según el psicólogo Carlos Kachinovsky, “con los videntes se podía percibir un ataque a la racionalidad, ya que empezaron a hablar de ellos como si fueran científicos. Les dieron ese lugar a personas que hablan de las ondas cerebrales sin fundamento neurológico ninguno y se eleva al lugar de la ciencia el pensamiento mágico”.

QUÉ HORRIBLE CÓMO ME GUSTA. Pero el tono que emplearon los medios para cubrir los distintos avances del caso no fue el único ingrediente para que se mantuviera el interés del público. Según Bayce, la historia de Natalia tiene desde el punto de vista comunicacional muchas características que atraen la atención de la gente. “Hay un interés por cuestiones vinculadas al morbo que tiene dos componentes: el proyectivo y la identificación. Hay gente que se interesa en el caso porque se identifica con alguien, con los padres, con los amigos que claman justicia, con la pobre chica, con la hermana. Hay en este caso varias figuras empatizables. Los jóvenes estaban prendidos por la peripecia del ambiente y los padres estaban todos identificados con los padres de la chica”.
Con referencia a lo proyectivo, para Bayce es claro que se juntan varios elementos: es un hecho extraordinario, que tiene terror, sangre, misterio, juventud, noche, lujo, drogas. “Está en los manuales de comunicación de masas: todos estos temas son los que prenden en la atención de la gente. Los contenidos que le interesan a la opinión pública están todos en este caso. No falta nada.” Y después el crecimiento en el imaginario colectivo es exponencial: “La madre llora frente a una cámara, la hermana convoca a una marcha, la Policía muestra su cuerpo de elite, aparecen los videntes, las versiones, los huesos de mono y el perro que los descubrió”.
Pero también tiene que ver, dice, con la confidencia y la privacidad que todo el mundo aspira a invadir del otro. “Por algo hay programas sobre Punta del Este todos los años para la gente que está sentada en la casa tomando mate. La gente viendo la pantalla se siente vicariamente dentro de la farándula y la noche. Y estaba todo el público atraído por los tabúes de la noche. Todos con gesto de horror, pero diciendo qué horrible cómo me gusta, qué horrible, pero qué suerte que pasó. Y los medios no tienen más remedio que lucrar con una noticia que rinde y tiene a la gente prendida.”
Beltramelli piensa que a pesar de que somos más contenidos, nos encanta el tono de los medios argentinos. “Hay una necesidad de la gente de vivir todo en clave de ficción y morbo. Que eso sea permanente o no, ¿dependerá de la ética de los medios o del acostumbramiento social?”

ESTALLIDO IMAGINARIO. Las versiones sobre el caso se siguen generando y se difunden por distintos medios masivos aunque la Policía y la justicia siguen investigando. Por Internet circulan, con pretensiones de verdad, varios relatos que alientan teorías conspirativas, complicidades del narcotráfico, ajustes de cuentas, corrupción y venganza. El miedo late aún ante el misterio y la falta de un final que le dé sentido a la muerte de esta chica. Kachinovsky coincide en que el hecho tuvo características que explican su posterior trascendencia a nivel social y esa avalancha de especulaciones: que se diera en pleno verano, en un balneario tranquilo y familiar, y que los involucrados sean jóvenes en busca de placer y diversión pero en apariencia con una lógica de control del riesgo. Para este psicólogo especializado en temas de familia y adolescencia se rompió lo previsible y se alimenta la sensación de que “a cualquiera le puede pasar”, que aleja la idea de “algo habrá hecho”. “La falta de motivos aparente fue como una bomba. Como en una película de Hitchcock, Natalia bajó la escalera, saludó al portero y luego se esfumó. Y a medida que pasaron los días, esa situación extraña que no tenía sentido produjo el estallido de lo imaginario. Yo andaba por la zona en ese momento y a cada lugar que iba preguntaba qué sabían, y era sorprendente la cantidad de versiones que me daban. Contadas con total convicción. Ningún relato era loco, nadie dijo que la llevaron los extraterrestres. Pero nadie tenía datos. Lo misterioso genera un agujero en la realidad que inmediatamente desata el estallido de teorías y versiones.”
De todas formas, más allá de la conmoción provocada durante todos esos días, este psicólogo piensa que el hecho no va a cambiar la configuración de los espacios públicos ni las conductas relacionadas. Es evidente que genera una nueva inquietud en los padres, “pero también es cierto que los padres estamos inquietos por la seguridad de nuestros hijos desde mucho antes que esto. Puede alimentar ese miedo universal de los padres cuando los adolescentes salen a divertirse. Pero este hecho aislado no creo que cambie la sensibilidad colectiva. Sé, de primera mano, que el sábado pasado La Rinconada (el boliche de Piriápolis al que había ido Natalia la noche en que desapareció) estaba llena. Ese es un dato”.

FINAL CON EXORCISMO. Varios de los familiares y amigos de Natalia aparecieron a diario ante las cámaras haciendo declaraciones. Esa sobreexposición provocó a la vez una confusión de roles y objetivos. A la primera marcha convocada por su hermana Claudia, cuando todavía se albergaban esperanzas de que la joven apareciera con vida, fue mucha gente. Un movilero de televisión le preguntó a Claudia si era consciente de lo que había “logrado”, como si su poder de convocatoria –o el de los medios– se tratara de un triunfo en sí mismo y hubiera algo que festejar, desnaturalizando el hecho que promovía el encuentro: que su hermana podía estar muerta. Claudia, nerviosa, sonrió y contestó que nunca se había imaginado que la apoyara tanta gente.
Pero aun luego de que Natalia apareciera sin vida, sus amigos decidieron volver a convocar la cobertura de los medios de comunicación para una nueva marcha en reclamo de justicia. Esta vez alertaron que no se trataba de una manifestación contra nadie, sino antes que nada una suerte de homenaje público, una misa laica que terminó con la emocionada lectura de un texto escrito por un amigo de Natalia y una reunión entre los padres de la chica y las autoridades del Ministerio del Interior.
Según Beltramelli, la clave de ficción en que estuvo envuelto el caso permite continuar más allá de que los hechos físicos terminaron: “El cuerpo apareció pero los personajes siguen valiendo. Los medios convirtieron a las personas implicadas en participantes de una estructura narrativa, y pueden seguir la historia”. Kachinovsky piensa que la marcha no se puede ver como un hecho aislado, que estas cosas se reproducen y se copian. “En Argentina tenemos el caso de Blumberg y en Colonia también hubo otro. Claro que son casos donde la justicia o la Policía no avanzaban o ninguneaban el tema. Pero esta marcha tiene un grado de demanda, de descarga, de ritual, de alivio transitorio cuando no se puede hacer nada.” Pero Bayce sostiene que esta última marcha fue un exorcismo: “Estos chicos salen a exorcizar sus miedos y sus propias culpas. Saben que podrían haber estado en el lugar de ella y que les podría haber pasado a ellos. Los padres hacen lo que haría cualquier padre desesperado, tratar de imaginarse las mejores hipótesis posibles y apartar de la mente y de la opinión de los otros las demás”.


Arresto en el Cerro

El sábado 20 de enero Claudia, la hermana de Natalia, recibió un mensaje de texto que decía “Vos te lo merecías”. La Policía, luego de arduas investigaciones, pudo identificar a la dueña del celular desde el cual se envió el mensaje y detuvo el martes 13 a una mujer que vive en la zona del Cerro. Si bien aún no está clara su participación en el caso, la detenida fue traslada a Maldonado para tomarle declaraciones.

Un nene

El nene es un preadolescente. No ha ido nunca a un baile ni a una disco. Pero piensa que lo que le pasó a Natalia le puede pasar a él. Tiene miedo y llora. No puede parar de llorar ni de tener miedo. Dice que ahora cuando le pasa “algo lindo” enseguida siente necesidad de volver a pensar en Natalia. Que se le viene a la imagen la cara de esa chiquilina de la que en todos lados se dice que era el prototipo de la muchacha tranquila, con una vida “sin excesos”, como la de todas las demás de su edad. El nene está en Piriápolis, quintaesencia del balneario familiar. A cada momento se topa con los afiches con la foto de Natalia, vaya donde vaya no se habla de otra cosa que del caso Natalia. En una radio local, una mujer presentada como psicoanalista dice que Natalia se ha convertido en “la primera desaparecida de esta generación”. El nene tiene un pariente desaparecido.
Huir a Montevideo. En Montevideo, cree el nene, capaz que logra zafar. Podrá pensar en otra cosa, y olvidarse de Natalia. Se quiere ir. Terminar estas vacaciones de mierda. Se va.

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EL ENCANTADOR DE SERPIENTES

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El 27 de enero nació Lewis Carroll

Inventor, matemático, oculista, pastor. Fotógrafo de niñas, maravilloso narrador oral... Lewis Carroll, uno de los escritores más importantes de todos los tiempos. Nació un 27 de enero, bajo el signo de Acuario

El Encantador de Serpientes - Pedro Guerra


La mañana del 4 de julio de 1862 Alice Lidell escuchó el relato de cómo un gato de desvanecía a medida que hablaba. Escuchó la historia de los naipes que jugaban cricket. Sus ojos enormes se abrieron todavía más, asombrados. Ella no sabía que aquel paseo por el río con el pastor Charles Dogson acabaría siendo el prólogo oral de una espectacular obra de la literatura moderna que haría famosas, al menos, a dos personas: a ella, la pequeña Alice, y al pastor Dogson, que firmaría sus libros con el seudónimo de Lewis Carroll.

No sólo Alicia en el país de las maravillas. También Alicia a través del espejo y el poema La cazadel Snark salieron de la boca del padre Dogson antes que su alter ego, el escritor Lewis Carroll, escribiera las que siempre fueron narraciones orales llenas de humor y sinsentido

Charles Dogson nació en Daresbury, Inglaterra, el 27 de enero de 1832. Al igual que sus diez hermanos era zurdo y tartamudo. También era sordo de un oído. Realizó estudios académicos desde muy pequeño. Se matriculó en la Universidad de Oxford, obtuvo el título de licenciado en Letras, estudió matemáticas y medicina y fue profesor de Lógica.

Luego de ordenarse como diácono instaló un taller de fotografía y se consagró como uno de los mejores retratistas de la era victoriana. Editó varios libros de matemáticas, cuentos y novelas y, lo más importante de su vida, entabló una inusual relación, contándoles sus historias, con las tres hijas del decano de la facutad donde dictó cursos, el señor Lidell. Es a ellas a quienes les narró las aventuras del 4 de julio de 1862 en un paseo por el río, narraciones que terminaría de escribir en Navidad y editaría tres años después con los títulos de Alicia en el país de las maravillas y Alicia detrás del espejo.

Otros elementos biográficos aportan más elementos para entender el doble mjund
o de Carroll: fue domesticador de serpientes y sapos, prestidigitador, editor desde muy joven de revistas como El paraguas en el presbiterio, inventor de cajas de sorpresas, de una máquina para leer y escribir en la oscuridad -padecía de insomnio-, inventor de rompecabezas, de "aparatos inútiles", entusiasta de la bicicleta en su juventud y de los triciclos en su madurez, creador interminable de juegos de palabras y de lógica. Se interesaba por el "ocultismo". Fue uno de los fotógrafos más prestigiosos de la era victoriana. Sufría alucinaciones y murió de bronquitis el 14 de enero de 1898.

Autor: Daniel Vidal Saraví

Publicado en Revista Tres (Número I) en enero de 1996

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DETRÁS DE LOS HECHOS... LOS HECHOS

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"Tras el desembarco en Normandía, sucedieron cruentos combates que acabaron con el triunfo de las tropas aliadas sobre el eje y su régimen de terror"

"Cuando todo parecía indicar que estaban muertos, en medio de la cordillera, dieciseis sobrevivientes, impulsados por el heroísmo y la determinación de dos de ellos, fueron rescatados, tras dos meses en la montaña"

"El jóven, salido de sí, empuñó el arma y la emprendió a tiros contra su padre, con el saldo por todos conocidos"

Estos fragmentos, tomados a azar, dan cuenta de hechos ciertos y contrastables. Algunos de la historia de la humanidad, otros más enfocados en lo íntimo del seno familiar.
Todos dan cuenta del desenlace de la historia. Y son fieles con el mismo. Pero... cómo fué el antes?
Cuántas cosas convergieron para que "el eje" fuera "el eje"?. Hitler fue un loco suelto que un día cualquiera tomó el poder por sí y ante sí en Alemania?
Los sobrevivientes de los Andes (en el año 1972), cuánto sufrimiento, cuánto dolor, cuántas miserias tuvieron que sufrir horas tras horas? Ellos, se consideran héroes?
Es un ogro desatado ciegamente, el que empujó al joven a emprenderla a tiros contra quién le dió la vida?
Qué hubo antes del desenlace?
El modo de presentar los hechos, puede esconder, siempre, un modo de ocultar otros hechos. "La historia la escriben los triunfadores" suele decirse, y es cierto. Pero además, al escribirla, empieza a funcionar la memoria selectiva. Se presenta hasta el más mínimo detalle del hecho recién consumado, sin análisis previo, sin desarrollo histórico.
Así, nadie sabe la sucesión de desventuras que pudieron (o no) llevar al joven a empuñar un arma. O cuántas penurias sufrieron quienes se alzaron con la gloria en las tropas aliadas. O las bofetadas constantes de un grupo de muchachos en las condiciones más humillantes.
Solo queda el final: heroísmo, triunfo, desequilibrio, incoherencia. Sumémosle la música adecuada de fondo, para que todo armonice con el objetivo de quién emite el mensaje y la receta será infalible. Si algo le falta, basta poner un poco de "corrección política", asumamos tibiamente la cuota parte de responsabilidad y la empatía llegará sola (eso sí, dejemos claro que de todos modos "somos inocentes")
Nos estamos convirtiendo, gracias al modo de vida actual, en una máquina de consumir hechos, como si llovieran solos, y en eso, quienes dan a conocer los hechos tienen mucho que responder.
Nadie puede ser absolutamente objetivo, nadie. Todos, cuando damos a conocer un hecho, ponemos nuestra visión al servicio de ese relato (y nuestra visión, aunque no lo pretendamos, es parcial).
Y luego de eso, si el modo de comentar algo resulta plausible para alguien, lloverá empatía hasta inundarnos de autocomplacencia. Y ebrios de tanta palmada en la espalda, apoyaremos la cabeza en nuestra almohada, sin hacernos cargo apenas de nada.
Eso no es narrar hechos.
Eso no es comunicar.
Eso es, simplemente, autojustificación.

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LA BIBLIA Y EL CALEFÓN

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Primer post mío en este espacio...Primero.
Algo doloroso.
Cuánta razón tenía Discépolo cuando escribió su glorioso Cambalache, y sin embargo había cosas que uno no esperaba encontrarse.
En este mundo posmoderno, en el que nos dejamos seducir por cuánta mercancía nos rodea, estamos llegando a algunos extremos a los cuales sería bueno poner cierto límite.
Más allá de discrepancias o de lo que sea, hay personajes, situaciones, hechos históricos que la sociedad de mercado debería respetar. O nosotros, los consumidores deberíamos llevar nuestra indignación tan lejos como pudiéramos.
Pero lamentablemete, parecería que de tanta comunicación que tenemos, estamos como zombies.  Y seguimos, casi sin darnos cuenta consumiendo y consumiendo, sin apenas percatarnos de lo lejos que llega el señor mercado y sus embates.
Hace un par de días, caminando por una calle de Montevideo, me encuentro con una oferta que me indignó: chinelas del Che!!!.  Pero si esa sorpresa ya era mucho, saber que estaban de oferta fue la gota de desbordó el vaso.
Así que ahora, Ernesto "Che" Guevara está (gracias al señor mercado), a los pies de cualquiera que guste abonar ochenta pesos uruguayos con noventa y nueve centésimos (menos de 4 dólares americanos).
Ese es el valor que le damos a una figura mítica de América Latina, luchador incansable por la liberación de los pueblos de la opresión imperial: menos de 4 dólares!!!
Da pena verlo... ¿Cómo pretendemos que nos respeten desde el norte, si nosotros amparamos pasivamente este manoseo comercial de nuestras más caras figuras?
Ya hace mucho la imagen del Che viene siendo manoseada para cualquier mercancía.  Incluso  en las canchas de fútbol se ven banderas de los clubes con la clásica imágen.  Pero creo que esto supera todo...
No quiero imaginar qué es lo que sigue (Discepolín, gracias por avisarnos, pero la verdad ya empieza a quedar chico tu tangazo)



Si algo faltaba para ponerle sello de falta de respeto, la imágen estaba de cabeza

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LA IMAGEN DE LA DESGRACIA

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Autora: María Esther Gilio
Publicado en: CUADERNOS DE MARCHA, Número 8, Junio de 1986


Niña - Pedro Guerra


Él, buen mozo, elegante, deportivo, saca del placard una camisa y mirándose al espejo, se la pone. Sus músculos brillan a la luz del sol que entra por la ventana. Ella lo mira, con mirada donde se mezclan la admiración y la ternura. El clima es de felicidad. Pero, de pronto, ¿qué ha pasado, de pronto?, el ceño de él se ha fruncido y la sonrisa de ella se ha desdibujado. La cámara enfoca entonces el cuello de la camisa donde está el secreto del súbita tristeza. ¡El cuello! El cuello está arrugado. No horriblemente arrugado, sino levemente arrugado. Pero es suficiente. Él se quita la camisa con aire de desaliento. ¡Dios mío qué frágil es la felicidad! Ella muestra en sus ojos la expresión de la culpa. No dice lo que piensa, pero todos lo sabemos: "Esto no debe volver a ocurri". Y claro que no vuelve a ocurri, en el futuro ella planchará con spray Picopan. Picopán restablecerá la felicidad en el hogar. El ama de casa, que en ese momento plancha, con la televisión encendida, mientras humedece todo con Pico´pán hasta las bombachitas de nylon y las medias del belé, tendría que pensar "¡Dios mío, que nunca me falte Picopán!" No lo piensa sin embargo. En realidad, lo que tal vez piensa es, ¡si todo se arreglara con unas gotas Picopán! Pero más adentro, en aquellas zonas aledañas de su conciencia un Picopán se ubicó firme en el estante del armario. Ese es el objetivo de la publicidad, y todos ya sabemos que cuando la publicidad se propone vendernos, nosotras y ellos, todos, teminamos comprando. Pero hay otra cosa que ni la agencia ni el canal dicen que quieren vendernos, algo que no está en los contratos, algo de lo cual, los hombres que establecen plazos, tiempos, costos, no hablan y que sin embargo nos será vendido como el resto y con más eficacia que el resto. Porque dentro de uno o dos años el Picopán habrá sido sustituido por el Tirotán o el Chudulán, pero la joven esposa que en la pantalla sufrió al comprobar su ineficacia seguirá sufriendo por una camisa mal planchada. Y aquella otra esposa, la real, la que miraba televisión mientras planchaba o batía un bizcochuelo; esa, habrá archivado una vez más en los suburbios de su conciencia una imagen de desgracaia unida a la de camisas mal planchadas, espagueti recocidos o suelos opacos. Ella habrá comprado la idea de que su felicidad o su desgracia están unidas indisolublemente a estas tareas, aunque canal y agencia, en algunos casos no se hubieran propuesto deliberadamente vendérsela.
Una joven bella y bien vestida llega al banco del parque donde la espera su enamorado. Ambos se toman de las manos y se miran a los ojos. El sol cae, los pájaros están volviendo a sus nidos. Él le acaricia los hombros, las manos, le quita el pañuelo que lleva atado a la cabeza. Una cabellera abundante, pero opaca le cae sobre la espalda. Los ojo de él, hasta hace dos segundos felices ahora ensombrecidos, ocupan toda la pantalla. Ella lo mira y comprende. ¿Cómo no comprendería? Una amiga cómplice le pasa el secreto salvador: Swing. Champú Swing. Con él será posible asegurar la felicidad amenazada.
Aquí está en síntesis el mensaje que la mujer recibe de la televisión "Ocúpate minuciosamente de tu casa y de tu apariencia si quieres tener una familia feliz, conservar a tu marido, en definitiva, triunfar en la vida. Una carga más sobre las espaldas de la mujer que se suman a las innumerables que ya tiene. Nunca un mensaje parecido para el hombre. Este está excluido de tales exigencias. El atlético pelirrojo que fuma Camel luego de vencer las difíciles pruebas de aterrizar con una débil avioneta en medio de la selva, castigada por la tormenta, o que fuma Camel luego de pasar por debajo de una peligrosa cascada, no está amnazado con perder nada por andar por tierras de Dios desafiando la muerte aunque su casa se incendie o se inunde. Es un hombre que elige su vida en la medida en que un hombre puede elegirla y nadie busca castigarlo por eso. El triunfa en lo que eligió y todos lo admiramos. La hija menor de mi amiga Marcela le dice: -Mamá ¿te gustaría un hombre que hiciera esas cosas?. Ella le dice -Me gustaría hacerlas yo, esas cosas.
-Si te hubieras puesto a hacer esas cosas, yo no hubiera nacido.
-¿Por qué no?
-Nadie se habría casado contigo- le responde
Claro que nadie se habría casado con ella, no se puede desafiar la ley sin recibir castigo: el castigo es la soledad. Pero no sólo la soledad. Todo castigo lleva implícito un castigo extra; el ladrón que sufre diez años de cárcel será además despreciado y execrado por la sociedad que lo condenó. La mujer que transgrede la ley que le ordena ser esposa fiel y madre amante, la que no eligió realizarse a través de un hombre, de una familia, será castigada, no sólo con la soledad, sino también con la conmiseración, el desprecio y la sospecha.
El hombre dentro de los límites que le marca una sociedad represora puede a veces elegir; la mujer sufre esos mimos limites y también a veces elige. Pero, la mujer no es ensalzada por haberse liberado de los límites represores, sino castigada. El señor Camel detenta la destreza, la inteligencia, la fuerza muscular, la intrepidez. Nosotros lo admiramos y lo deseamos porque queremos recibir a través de él la ilusión de poseer alguna de esas cosas; y los hombres lo envidian y tratan de emularlo, prque saben que a la felicidad de haberse codeado con el peligro se sumará la de convertirse en el macho deseado por el común de las mujeres además de acceder a un lugar que nuestra sociedad competitiva valoriza.
El éxito del hombre podrá ser detonante de otros muchos éxitos. Nuestro éxito será generalmente el detonante de un terrible fracaso. Como dice el Manifiesto de las mujeres argentinas "el hombre queda asexuado por el fracaso, la mujer por el éxito"
Mientras esperaba turno en la peluquería de mi barrio, pedí a las vecinas que tejían y hojeaban revistas, mientras también esperaban, que imaginaran cómo sería la vida del señor Camel, cómo sería esa parte de su vida que no vemos en la televisión. Una jovencita dijo que él tendría que estar casado con una mujer bella, rubia y delgada que cuidaba de la casa y de los hijos. -Mientras él se juega la vida en la selva, ella lo espera ansiosa, y vive para los momentos que él vuelve al seno delhogar, dijo la jovencita.
-¿Cómo vuelve él al seno del hogar?
Cansado y cargado de regalos- dijo otra
Solo faltaba añadir que ella lo había esperado tejiendo de día y destejiendo de noche, pués esta es una historia que escuchamos sin cuestionar ni protestar desde hace 3000 años.
Les pregunté entonces qué les pareciía si un día, en lugar del pelirrojo desafiando el peligro hubiera una mujer en la pantalla. Mi pregunta fue como una bomba tirada en medio del salón, algo que produjo gran exitación, todas se pusieron a hablar, a reír y a contradecirse. La mayoría sin embargo estuvo de acuerdo en una cosa: esto sólo sería posible si tanto el canal como la agencia hubieran enloquecido. -¿Por qué, -pregunté- ¿las mujeres son incapaces de hacer cosas así? La mayoría dijo que las mujeres podían perfectamente hacer lo que hacía el señor Camel. Lo que verdaderamente no podían era "aparecer haciéndolo en televisión; las mujeres no hacen esas cosas en televisión, salvo que sean la mujer Maravilla". Es decir, en definitiva, una mujer con la cual ninguna de las otras se puede identificar, pues se trata de una mujer con poderes mágicos o sobrenaturales. Con las que sí podemos identificarnos es con aquellas que vestidas como la secretaria del presidente de IBM sonrien extasiadas ante un nuevo detergente que deja la vajilla impecable, las que gorjean felices por un lustrado de pisos que hace de los suelos espejos, las que caminan seguras como felinas cuando han puesto un spray con olor a flores a todo lo largo de su cuerpo o han tomado las tres tacitas de DELGACIN que las volverá delgaditas y felices al fin.
Porque esa es la otra gabela que la sociedad ha puesto sobre nuestros hombros: la de ser bellas y jóvenes, sobre todo jóvenes, si no queremos pasar al desván de las cosas en desuso. No hay teleteatro en que no sea la bella la que gana el amor del galán, mientras la fea lleva pegada a la cola de su fealdad, y casi como una consecuencia de ésta, la envidia, la maldad y el fracaso. Las feas no pueden triunfar en el amor, el amor se ha hecho para las hermosas, dicen tántas y tantas historias repetidas por los medios con entusiasmo. Elmismo que ponen para decir que cincuentones gordos y pelados son asediados por mujeres jóvenes, bellísimas, eróticas e ingenuas que no pasan los veinticinco. Mientras todos gozan, también las mujeres, de esa idea de las bellas niñas vestidas con retacitos que caben en cajas de fósforos, pero inocentes de su violenta atracción, todos, nosotras y ellos, deglutimos sin resisntecia el mensaje. los hombres confirmarán en el afuera lo que es para ellos una aspiración indoblegable: su vigencia sexual a pesar de la edad, la barriga y la pelada. Y nosotras, riéndonos con esa historia que, calro, se fabricó para divertirnos a todos, anotaremos, distraídas y obedientes el mensaje: las mujeres tenemos sexualmente la vida de las mariposas, apenas nacidas ya empezamos a morir, o, como dice Susan Sontag: "Cuando no somos muy jóvenes ya empezamos a ser viejas"¡Qué tristes son a veces estas historias divertidas!
En esta sociedad del desprecio, donde las cosas no tienen tiempo a gastarse que ya las estamos cambiando, la mujer ratifica su calidad de objeto al ser obligada a retirarse de circulación en cuanto aparecen las nuevas que podrán sustituirla. El valor de la mujer, como el de las cosas, depende de las leyes de la ofeta y la demanda. Y la demanda es en las fráficas, una línea que cae estrepitosamente a medida que la edad sube lentamente. Si la mujer quiere que esa caída nosea tan violenta en los medios de comunciacion de masas encontrará la solución, conservar la aparicencia juvenil a cualquier costo, desde no reír ni hacer gestos para no arrugarse hasta usar los mil productos que se fabrican para conservarse. Algunas mujeres dirán: "a mí me resulta placentero ocuparme de mi cuerpo y de mi cara, para mi no es ningún sacrificio", claro que puede ser placentero. muy placentero, si se trata de una opción libre. Pero deja de serlo cuando se transforma en una desesperada carrera contra el tiempo que debemos ganar si no queremos ser apartadas de la vida, condenadas a la soledad.
A esta altura creo que nos toca formularnos una pregunta. ¿cómo en un país como Uruguay, donde la mujer tiene tan valorizado su trabajo, su independencia, su autoabastecimiento, los medios de comunicación de masas pueden transmitir una imagen tan desfasada de aquella de la mujer real. La mujer real es una mujer cuyo territorio es el del combate, el de la lucha por la vida; su tarea es el hacerse cargo de las situaciones en que se encuntra, la mujer real es una mujer que pelea por su lugar al sol y que ha logrado conquistar bastiones que la cultura masculina intentaba conservar para sí. Es una mujer que ha conseguido que el hombre la mire cada vez más a menudo como a su igual, lo cual quiere decir como a su competidora, porque le ha demostrado que es su igual y su competidora


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DE LAS MUJERES, MEJOR NI HABLAR...

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Esto suena a tango. Y lo es. Pero no hay que echarle la culpa al tango de ese pobre destino que le ha dado a la pobre mujer que cuando no es obrerita muerta de tisis, es cabaretera también muerta de tisis (las únicas que no mueren de tisis son las madrecitas, ésas mueren rompiéndose el espinazo al pie del piletón). Pero no le echemos sólo la culpa al tango, fueron muchos los que hablaron de ellas (y muchas y no siempre bien). Humphrey Bogart por ejemplo:
Muchos hombres piensan que lo que importa de las mujeres es lo que se ve por fuera. La ropa interior también es importante.
Me dirán que el Humphrey era un machista que escupía por el colmillo, pero qué me cuentan de Dorothy Parker, una inteligente libretista y columnista que dijo:
Sólo exijo tres cosas de un hombre: que sea hermoso, insensible y burro
Otra, no famosa por su inteligencia pero con lo suyo (y con experiencia encima suyo), Jayne Mansfield, opinó sobre nosotrso:
Los hombres son animales de dos patas y ocho manos.
Y Zsa Zsa Gabor, una hermosa de los 50's que supo tener una alfombra hecha con sus cirugías, nos endilgó aquello de:
La única profundidad que los hombres admiran en la mujer es la de su escote.
Un tiempo antes, el viejo Ambrose Bierce se anticipó a la marca y ya había dicho: Las mueres serían mucho más atrayentes si en vez de caer en sus manos cayésemos en sus brazos.
Chaplin decía que amaba a las mujeres pero no las admiraba. Por su parte, Marlene Dietrich no les dio ninguna mano a las compañeras cuando opinó:
Muchas mujeres no descansan hasta que logran cambiar a su hombre. Una vez que lo consiguen deja de interesarles.
Por otra parte, el hecho de la escasez de hombres, al parecer siempre fue un factor de distorisión en el mercadeo que hizo de nosotros su sexo predilecto y el motivo de lucha entre ellas (No por mi, ni por vos, no te hagas ilusiones). A raíz de eso don Anatole France se mandó aquello de:
toda mujer tiene que elegir. si otras mujeres gustan de su hombre, se siente insegura. si no les gusta: se siente desgraciada.
De allí también las disputas entre ellas (no por vos, no por mí, que quede bien claro). H. L. Mencken, lingüista y filósofo norteamericano decía ecuánimemente:
Sólo hay una cosa en la que concuerdan los hombres y mujeres: ninguno confía en ellas.
Y por su parte Luis XVI de Francia, que algo sabía de estrategia acotó por ahí, con respecto a esa lucha (no por vos ni por mí, repito):
Es más fácil reconciliar a Europa entera antes que a dos mujeres.
Un tipo que no era político pero sí filósofo, el Dr. Samuel L. Johnson largó aquella bomba de:
La Naturaleza le dio tanto poder a la mujer que la Ley no puede darse el lujo de darle más
¡Reaccionario! dirá Ud. Sra, Srta. Pero y entonces qué me cuentan de Nietzsche, filósofo éste, pero alemán, que nos reventó a todos con aquello de: LA MUJER FUE EL SEGUNDO ERROR DE DIOS.
Como dicen los vejigas: ¡Es muy fuerte!. Pero en fin, esto fue en el siglo pasado. Hoy, cuando vemos a Glenn Close apuñalando tipos o a Sigourney Weaver ametrallando Aliens no podemos olvidar a Oscar Wilde que, en ese mismo tiempo anunció:
La historia de las mujeres es la historia de la peor forma de tiranía que el mundo haya conocido: la tiranía del débil sobre el fuerte. Es la única forma de tiranía que consigue perdurar.
Claro que siempre hubo alguno que no se las tomó tan a la tremenda, sino con cierto humor, como el maestro de los maestros del humor americano James L. Thurber, cuando sin pelos en la lengua, confesó:
Odio a las mujeres. Siempre saben dónde están todas las cosas.
¿Quién sinó la mujer sabe que el azúcar debe estar en el tarro de la harina y la pimienta en el del orégano que a su vez está en el del tomillo que no está en un taro sino en un envase de crema humectante? Será por eso que Mae West, la sex simbol de los 30's allá en Hollywood declaró:
Más vale un hombre en casa que dos en la calle.
-Y ahora me voy porque tengo que hacer strip-tease en Preludio. Vieja: Tenés prontos los zapallitos en el horno. La ensalada de frutas está en la heladera. Vaciá los ceniceros cuando se vayan tus amigas. Y no tomés mucho. Chau. Besos. Yo.
PD: -Dejá que cuando vuelvo lavo todo


Autor: Jorge "Cuque" Sclavo
Publicado en Revista Guambia

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EL DÍA QUE LLEGÓ EL TRAPECISTA VENEZOLANO

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Las aventuras de "Don Verídico"

No hay nada más aburrido, que la fatla de entrenamiento. Aburrido es peor que triste. Y peor que pobre, y mucho peor que melancólico y nostálgico. Peor que aburrido, no hay nada. La bomba atómica, podria ser, y no sé. Porque la atómica, mientras que cae y todo es, a uno lo inquieta. Pero lo aburrido, ni eso.

Piletón Portento decía siempre, que no ha nada más triste y peligros, que tener una mujer aburrida. Y él tenia.
-Si su mujer se aburre, es cosa suya.
-¿Cosa de ella?
-No, cosa suya de usté.
-¡Es que no hay con qué darle...!
-Siempre hay con qué. Hay que encontrarle el cómo.
Piletón no se lo encontraba.
-Yo no digo que sean un fandango, pero una cosa un poquito más animada me gustaría. Si fuera una visita no digo, pero mujer de tener, es bravo.
Y él le hacía de todo pa tenerla entretenida, sin un aburrirse. Le bailaba el malambo en la mesita de luz, se dejaba caer por la bajada del techo de dos aguas, como si fuera tobogán y gritando. Se ponía las botas al revés para caminar apuntando torcido, le golpeaba cacerolas colgadas de un árbol y demientras de descargaba algún pegote de guiso quemado.
-Yo, pa mí, la cosa no está por ahí, qué quiere que le diga.
Se le asomaba por la ventana pero al revés, le recitaba el Martín Fierro en jeringoso, que resulta larguísimo. Le hacía sombras chinas con la luz del farol en la paré, y se le dormía porque sabía hacer nada más que la sombra del perro y con una sola oreja. Le contaba el cuento del alemán, que preguntaba la hora en un velorio y todo el mundo le dice una hora diferente hasta que se va al pueblo y se compra un reloj pero atrasa yse hace monje y se pierde en una montaña y lo encuentra un oso con taquicardia y le pregunta la hora, y no había caso, la mujer se aburría. Bostezaba, estornudaba, roncaba y de ahí no la sacaba.
-Ya son de naturaleza, a mí que no me digan che.
-Cuando la mujer sale desentendida, es lo que tiene.
-¿Y no probó de hacerle papas fritas?
-Le hice polenta y se aburrió.
-¡No va a comparar!
Ya no sabía qué hacer, cuanda va y justo pasa un circo por el pago, y va y la lleva. Cuando hicieron la prueba del tigre en el fuego, y los monos en bicicleta, estaba en un solo aburrimiento. Hasta que aparecieron los trapecistas venezolanos, y uno voló por el aire, le pifió el trapecio, y le fue a caer justito en la falda, prácticamente arriba junto a la silla y la miró a los ojos y se fue con el circo.
-¿Y usté nunca le notó ninguna cosa de artista, como que era medio ida?
-Pa nada. Mujeres, son un misterio.
-¡y pa peor artista!

Autor: Juceca
Publicado en Revista Guambia, número 189 (1993)

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LOS SECRETOS DE LA PIZZA CASERA

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Este artículo está dirigido a usted, estimado lector de vacaciones. Mientras disfruta de su licencia anual leyendo cómodamente esta revista, seguramente su señora está preparando de apuro el almuerzo o la cena para toda la familia, sin la posibilidad de sentarse un ratito a mirar tele o leer algo. ¿No le remuerde la conciencia, aunque sea un poquito? ¡No es verdad que sí? Bueno, no se preocupe, que este problema tiene solución: alcanza con que Ud. asuma por una vez la tarea de hacer la comida, para que su señora pueda aprovechar en mejor forma el tiempo de su propia licencia. No es necesario ser un experto, sólo alcanza con poner voluntad y tener a mano alguna receta sencilla, como la que acá le presento, avalada por mi experiencia, así que anímese, ponga manos a la obra y homenajee esta noche a su cónyuge con una deliciosa pizza casera.

(Estas aclaraciones entre paréntesis están dirigidas a ti, abnegada mujer, sorprendida porque tu marido dejó la revista sobre el sillón y entró en la cocina diciéndote "no te preocupes, querida, que esta noche cocino yo". Soy la esposa del irresponsable que escribió este artículo para inducir a tu cónyuge a emprender tan riesgosa tarea, sin medir las consecuencias que tal acción pueda tener para el futuro de tu familia. Mi consejo, avalado por propia experiencia, es que apenas veas a tu marido dirigirse a la cocina, le propongas comprar comida fuera. El problema es que seguramente no empezaste la lectura de la revista por este artículo, así que mi advertencia debe estar llegando tarde. Demasiado tarde)

Ingredientes a mano

Ante todo, amigo lector, debe procurar tener a mano todos los ingredientes necesarios para la pizza: harina, levadura, sal, (ya me imagino a tu abombado, querida amiga, revolviendo toda la cocina como el mío, sin encontrar nunca las cosas, para terminar comprando otro kilo de harina que se sumará a los dos que ya habías llevado al balneario), sin olvidar los de la salsa (eso merece un capítulo aparte; seguramente tu inútil te llamará desde la cocina, para pedirte que vayas a comprar tomates, la cebolla y el morrón "porque yo no sé elegir bien", así que vas a tener que salir a trillar el balneario a las nueve de la noche, para evitar que le vendan cualquier cosa, como a uno que yo sé)

Una vez con todo a mano, empiece a preparar la masa. Disuelva medio pan de levadura en una taza de agua tibia y una cucharadita de azúcar (el muy anormal es capaz de acercarse hacia donde estás, y darte a probar un sorbo de esa mezcla, preguntándote "¿así está bien de azúcar, querida?"), al tiempo que pone aproximadamente medio kilo de harina (como es a ojímetro de marido seguramente pondrá una bolsa y media "que por algo la compré") en un bols (siempre y cuando lo encuentre) con una cucharadita de sal.

Pasados unos cinco minutos, incorpore la solución de levadura (¿a quién se le puede ocurrir usar esa expresión?) a la harina, y agregue más agua tibia hasta formar una masa que extenderá sobre una asadera aceitada (ahí, cuando tu depredador esté con las manos en la masa, recién se acordará de agarrar el aceite, dejando el recipiente todo pegoteado)

Luego de extender la masa, déjela crecer en un lugar cálido (su lugar preferido suele ser el piso al lado de la cocina prendida, para que los niños metan los piecitos adentro), y dedíquese a preparar la salsa.

Para hacer la salsa, corte cuatro o cinco tomates, una cebolla y medio morrón, y póngalos en un sartén con un poco de aceite, cocinando a fuego lento (por supuesto que no mencionó que antes de meter esas cosas en el sartén hay que lavarlas, pero no te preocupes, el cólera tiene que empezar por algún lado), agregando una cucharadita de sal, orégano a gusto ("sabés qué me olvidé de comprar, querida?"). Puede ser necesario agregar una cucharadita de azúcar, si al estar la salsa casi pronta, usted le encuentra gusto ácido (o si disuelve el teflón del sartén, como cuando el que te dije consiguió unos tomates "no del todo maduros").

Cuando esté lista la salsa, extiéndala sobre la masa, que ya debe estar alta (o no) y meta la pizza en el horno caliente. (Ahora imaginate la escena: sobre la mesa de la cocina los frascos de la sal, el azúcar y el aceite, con sus pegotes de masa correspondientes, el sobrecito del orégano y medio paquetito de levadura, además de restos de harina por todos lados, la mesada libre de todo objeto antes de la proeza de tu marido, ahora ostenta un bols con restos de masa, la taza que contenía "la solución de levadura", cucharas y cucharillas varias, el cuchillo con que el eximio cheff cortó el tomate y peló la cebolla, jugo y semillas de aquél y restos de piel de esta última y el medio morrón que no fue a parar a la salsa; sobre la cocina el sartén sucio de restos de salsa, y etcétera, etcétera)

Mientras se cocina la pizza, Ud. puede aprovechar para (lavar, pobrecito, creí que no lo iba a decir, pido perdón por haber pensado mal de mi maridito) ir al living a mirar en televisión y tomarse una cerveza (había pensado bien, pedazo de un cretino. El tipo, después de haber estado escasos veinte minutos en la cocina, sale de adentro esperando que aplaudamos por su "hazaña", y lo primero que hace es agarrar el control remoto y poner "Brigada Cola" en el mejor momento de la película que estamos viendo, y que del bolonqui de la cocina se haga cargo una, porque la limpieza no es tarea de un cheff)

Una vez transcurrido el tiempo reglamentario, saque la pizza del horno, espere a que se enfríe un poco, córtela en porciones y llévela ante su señora con una sonrisa en los labios (acá pueden pasar varias cosas: que la masa haya quedado cruda y se resista a dejar de estar en contacto con la asadera, por más que su esposo le cante "Imagina, el despegue"; o bien que se le fue la mano con el calor, y la parte inferior de la masa quedó con una consistencia parecida a la del hormigón armado; o que le puso tanto aceite a la asadera que la masa se despega fácilmente, pero resultará incomible). Seguramente, no quedará nada en el plato (con tal de no reconocer que la pizza es una bazofia que ni Miguel Ángel o Donatello comerían, tu marido es capaz de devorarla toda), y su señora estará dispuesta a repetir la experiencia (eso es cierto: la última vez que éste hizo una, me pasé repitiendo toda la noche).

Buen provecho

Así, que, amigo lector, deje ya de leer, y ponga manos a la obra, que su esposa le agradecerá (y el gastroenterólogo también) que Ud. le alivie por una noche sus tareas ofreciéndole una cena distinta (y una lavada de cocina peor que de costumbre), con una pizza como ella nunca habrá comido (eso es cierto, doy fe). A la cocina, que su esposa se lo agradecerá (y vos rápido a comprar comida afuera, que me lo agradecerás mucho más)


Autor: Flogisto (y Sra.)
Publicado en Guambia en Febrero de 1992


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